jueves, octubre 28, 2010

Como Joni Mitchel, quiero que me dejes hablar y escupir mi amargura nacida del dolor y de las noches sin dormir



No me gusta, imagino que como a tantos, escuchar las conversaciones ajenas vía teléfono móvil. En el autobús, a punto de subirse al avión o al bajarse, en las estaciones de tren, o en plena calle, en la cola del supermercado, en la del cine e incluso a veces, dentro de la propia sala. Y tampoco me gusta, obvio, que se escuchen las mías. Por pudor, básicamente, y porque siempre me siento extraña con un teléfono en la mano. Aunque después sea capaz de mantener interminables conversaciones telefónicas si se da el caso, que se da, alguna vez, pocas.

Suelo caminar muy deprisa. Muy, muy deprisa cuando voy a solas, y bastante deprisa cuando lo hago acompañada. Casi parecería, y en muchos casos así es, que llego tarde a algún lado. Así que, aunque odie ir caminando y hablando en plena calle por el móvil, raramente mis conversaciones son captadas por oídos ajenos. Paso como una exhalación.

Hace un rato volvía de una interminable, y todo hay que decirlo, divertidísima, reunión, cuando suena el teléfono y aparece la voz de mi amiga Sal al otro lado con el clásico "¿puedes hablar?"... Pues sí, puedo, que voy camino a la oficina, y estoy en la calle, aunque intuyo que va a ser una llamada interminable, que ha vuelto a la fase ni contigo ni sin ti. Pero no, es bastante concisa, sorprendentemente... ha decidido dejarle, sí, pero no del todo. Que bueno, que se ha levantado con la convicción del ya no más, pero a lo largo que ha ido pasando la mañana la determinación se ha ido diluyendo. Y vuelta a empezar. Que digo yo que si somos amigas desde hace casi veinte años será por qué algo tendremos en común.

Y como es sí, pero no, y vuelta a empezar aunque ya no más, ha decidido recurrir a las clásicas listas de pros y contras, que a ella en estos y otros casos, siempre le funcionan. A un lado lo bueno, al otro, lo menos bueno; porque malo, lo que se dice malo, desde hace un par de horas que no encuentra nada... y de repente se queda sin nada más que contar o que querer contar, y esto, cuéntame tú algo, que tú también deberías hacer una lista a dos columnas... Y yo, esto, ¿por qué?, si a mí todo me va bien, si yo siempre bien, si las cosas están bien, tú sabes, siempre bien, todo bien...

Y no sé, pero de repente rompo a hablar y a contar... y no paro. Aunque sé que ella ha dejado de escuchar hace un rato, que yo siempre he sido muy cómoda de tratar porque nunca rompo diques ajenos, hasta que lo hago, en ese preciso instante, y empiezo a contarle una historia de la que nunca antes le había hablado, o muy poco y a grandes rasgos, pasando casi de puntillas, contando sin contar. Y de repente me veo parada en un semáforo, hablándole en voz alta al teléfono y con un tipo mirándome con una media sonrisa a mi lado escuchando lo que estoy contando... Hacía mucho tiempo que no cruzaba un semáforo en rojo.





P.D. Y creo que sí, que haré esa lista a dos columnas... y la colgaré aquí, obvio.

14 perdidos en el laberinto:

Alba Carrió dijo...

Hay veces que incoscientemente la necesidad de contar algo nos puede, y nos olvidamos del pudor! A mí me suele pasar!
Descubrí tu blog hace poco, pero la verdad es que me tiene enganchada. Enhorabuena!
Saludos! :)

guille dijo...

El valor que tiene una oreja.

Aunque a veces oye como cuando suena la lluvia, pero no escucha.

Pero necesitamos soltar nuestras palabras.

Conguito dijo...

¡Soy una cotiiiiiiiiiiillaaaaaaaaaaaa! A mí si me gusta escuchar las conversaciones... No tengo peligro de que me cotilleen a mí porque:
1.- nadie me llama
2.- si se da el caso, me refugio en el alemán.

Daeddalus dijo...

Alba: Bienvenida...

Lo curioso es que yo aoy muy tímida y muy pudorosa, hasta que, claro, dejo de serlo...

Por favor, si soy de las que aún me sonrojo...

Daeddalus dijo...

Guille: Supongo que a veces necesitamos desahogarnos, aunque no tengo claro que efectivamente sirva de algo más que para alegrarle el día, o eso pareció, al tipo del semáforo que estaba escuchando.

Daeddalus dijo...

Conguito: Nunca se sabe quién puede estar escuchando. Recuerdo no hace mucho tiempo en un tranvía en Nuremberg, una pareja, madre e hija, manteniendo una conversación que no reproduciré aquí, en español, porque obviamente pensaban que nadie las entendería. Yo estaba sentada detrás...

C. C. dijo...

Yo también soy de los que van a toda pastilla por la calle como si llegara tarde. Odio el teléfono pero las cosas de la vida me toca usarlo mucho.
Creo que a nadie le gusta que se escuchen sus conversaciones pero en el fondo a la gente de alrededor le importa un pimiento (a no ser que les conozcas jeje). Mientras se hable claro y no se grite. Y todos como tú, alguna vez necesitamos contar nuestras cosas a alguien aunque no nos escuche.
Y por favor no cruces en rojo a ver si te va a pasar algo.. ;-)

marikosan dijo...

Quizá este tipo se quedo obnubilado contigo, ¿sabes?, a mi me gusta mirar a la gente cuando habla por teléfono, lo que dice me tiene sin cuidado, es más, si no escucho mejor, me gusta mirar como gesticulan, qué cara ponen, mi imaginación es más potente que mi curiosidad.

Daeddalus dijo...

C.C. Pues yo sí creo que hay gente interesada en las conversaciones ajenas, y no digo que sea malo, pero el cotilleo es deporte nacional.

Daeddalus dijo...

Marikosan: Puede ser, que todo es posible... pero apostaría doble contra sencillo conque sí estaba interesado en la conversación... hacia tiempo que no pasaba tanta vergüenza...

AN... dijo...

Y lo impresionante , que es oír una conversación cuando estas en la cama y a tu amante la llama el marido , te quedas petrificado , mientras ella maneja la situación perfectamente ... Quien dijo sexo débil ...

Vir dijo...

A mí me encanta escuchar las conversaciones ajenas, ya sean en directo o telefónicas, y mirar fijamente a la gente que por h o por b llama mi atención. Para las mías suelo ser más discreta (además, no me gusta hablar por teléfono). Llámalo cotilleo, yo lo llamo alma de antropóloga social.

Daeddalus dijo...

AN: Es que yo en una de ésas nunca me he visto, afortunadamente, jajaja... Pero más que de debilidad será cuestión de mentir... y de creer.

Daeddalus dijo...

Vir.. yo es que más que escuchar prefiero imaginar. Soy fantástica inventando vidas a ajenas. Y a partir de ahora creo que hablaré de antropología social, no de cotilleo, me gusta.

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