miércoles, mayo 12, 2010

(torpe)Mercernaria



Intento, he dicho intento, asumir mis contradicciones. Siempre (la mayor parte del tiempo) he estado sola por elección propia, y siempre, a un tiempo, me he sentido sola y deseado (tal vez no lo suficiente) huir de esa situación.

Me gusta llegar a casa y no tener que encontrarme con nadie. Poder organizar mi tarde, mi comida y mi espacio. Aunque odio cocinar sólo para mí y a medida que avanzan las horas y me sumerjo en otras vidas, siempre huyendo de mí misma –los libros y los escaparates ayudan- y va cayendo el día, comienzo a extrañar una mano tendida.

No se trata de tener a alguien dispuesto a escucharme, para eso basta descolgar el teléfono. Sé que hay quién se preocupa por mí, aunque sea en la distancia (y mi madre no cuenta), que sigue mis pasos tendiendo una red bajo mis pies (más dura será la caída). Puede que necesite sentirme querida y venerada, tenida en cuenta, admirada, idolatrada u odiada, lo que sea antes que provocar indiferencia; algo muy humano por otro lado. Pero tampoco es eso, ni todo lo contrario.

P.D. Janet Leigh en "Touch of evil" (Sed de mal).

4 perdidos en el laberinto:

Paciente Asturiano dijo...

Vivimos en una contradicción perpétua. Cuando estamos acompañados, echamos de menos nuestro espacio, mucho espacio, pero cuando tenemos todo el espacio del mundo, de vez en cuando necesitamos que una pequeña porción de ese espacio esté compartido.

Nicole dijo...

Te entiendoo... querer ser completamente independiente y al mismo tiemoo alguien con quien compartir tus cosas.
¡unbeso!

pilar mandl dijo...

La mejor relación es cada uno en su casa, cerca pero manteniendo distancias... a algunos les funciona bien.

Anónimo dijo...

Querida... Vd. nunca provoca indiferencia. Y lo sabe.

Huntter

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