martes, diciembre 15, 2009

Una dulce derrota


Arranqué el coche, de nuevo, esta vez con la marcha correcta. Sonó l’ll work for your love. Me descubrí sonriendo. No siempre las derrotas son amargas. Volví a sonreír.





2 perdidos en el laberinto:

El montaraz andante dijo...

Hay darle la razón a Bakunin cuando dijo que la “destrucción también es creación” (utilizándolo en el contexto correcto, se entiende), y enfatizo: “en la propia destrucción”, ya sea de las ideas, ideales, principios, experiencias, valores u honores de uno mismo.
Una derrota –la destrucción de algo propio- siempre suele ser el principio de algo (de uno depende si es algo bueno o malo). Por eso, además de conseguir arrancar de nuevo, con la marcha correcta, hay que tener en cuenta que también sea correcta la dirección y ésta suele venir condicionada por el sabor de la misma. Si es dulce, es que se ha superado, se ha aprendido (y durante una temporada estaremos más salados). Si es amarga, que dios nos guarde porque nos puede reconcomer por dentro (y agriar el carácter).
El paladar de uno también se educa, y eso sirve para la vida.

Lolita Lamento dijo...

O dársela a Calamaro y decir que fué una dulce rendición.

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